domingo, 10 de junio de 2018

Escribir o nada

Para reactivar este stótano de memorias, qué mejor que un pequeño textito sobre el oficio, acaso la condena, de los que únicamente encontramos en la escritura un antídoto para el vacío:

¿Ha dicho inspiración?

«Yo espero la inspiración, a la que no necesariamente llamo con este nombre. Afirmo que todo lo que se escribe que contiene vida viene del plexo solar. Es oficio, puesto que te deja fatigado, o mejor, agotado. Pero en tanto que esfuerzo consciente no es nada. Lo que cuenta es tener un momento, digamos que al menos cuatro horas al día, en el que el escritor profesional no hace otra cosa que no sea escribir. No está obligado a ello y esto no le dice nada, no debe intentarlo. Puede mirar por la ventana, hacer el pino o rodar por el suelo, pero no debe hacer nada concreto como leer, escribir cartas, echar un vistazo a las revistas o extender cheques. Escribir o nada de nada. Es lo mismo que en el colegio. Si se obliga a los alumnos a mantenerse tranquilos, aprenden algo, lo justo para no morir de aburrimiento. Encuentro que es eficaz. Hay dos reglas muy simples:
Uno no está obligado a escribir; uno no puede hacer otra cosa. El resto viene solo.»

Raymond Chandler,
Lettres, París, Christian Bourgeois, 1970.



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