Nota: Este texto fue escrito en la noche del 26 de Junio del
2017 en el trayecto de Garibaldi a Iztacalco en la línea 8 del metro. No había sido publicado
principalmente por motivos acuáticos y hueváticos (?).
Advertencia: Este texto no pretende ser un largo lamento ni
el azote que podría parecer. Únicamente es un intento de terapia a partir de la
cual, el autor (osea yo mamón), vuelve atrás en su vida y reconoce y se asegura
de lo que hizo, hace y hará. Además, es una muy sencilla forma de agradecer a todas las personas que han estado conmigo en estos años.
El momento que más disfruto de mis días es cuando
estoy dormido. O cuando estoy tan briago que ya no puedo hablar ni mucho menos
pensar. O cuando estoy drogado. O mejor aún, las tres al mismo tiempo. Y
créeme, no te miento ni me agrando, no han sido ni una, ni diez, ni quince
veces. No creerías cuántas veces se han conjugado en mi vida reciente esas tres
actividades pequeñoburgués. Pero yo no siempre he sido así. Menos mal eh.
Nací un día que llovía a cántaros y mi mamá, sola en el
mundo como dicta la tradición de la dinastía, sufría los dolores del parto en
una cama de hospital mientras en su cabeza recordaba su canción favorita de Luis Miguel y en la televisión de un cuarto contiguo pasaba a todo volumen Acción el mejor resumen deportivo de la
televisión que anunciaba un triunfo del América. Desde que tengo uso de
razón me he visto a mí mismo como un tipo sumamente normal, solitario a más no
poder y sin demasiada suerte en la vida. Más perdedor que triunfador, aunque con ciertos talentos. Sí, he tenido algunos hits
inolvidables, tampoco soy un tarado. Alguna vez fui el mejor prospecto de mi
escuela primaria; grandes cosas auguraban para este farolito la junta de
maestros; mismos que llenaron de ilusiones a mi familia. No lo fui. No jugaba nada mal al futbol. Era bastante bueno con la memoria y los problemas de física. Otro buen
día me levanté al sueño adolescente de toda una generación y una que otra fantasía se me dio. Probé la mejor droga del mundo y aún cuando he vuelto sigo teniendo el control. En el camino me
encontré con los mejores amigos que alguien como yo pudiera tener; cero putas
poses, nada de hipocresía, unidad y lealtad inquebrantable pase lo que pase y
unos huevos para decirte las cosas que muy pocos tienen en la vida. Siempre han
estado y siempre van a estar. Años más tarde
conocí al amor de mi vida y viví los días más felices de toda la existencia; me sentía completo, pensé que sería como cuando José Agustín conoció a su esposa y se complementaron el uno al otro para siempre. Fue el mejor momento de mi vida.
Entretanto supe lo que quiero hacer en la vida: escribir y tener cerca a las
personas que amo. Pero desgraciadamente no siempre puedes obtener todo lo que quieres, nené. Eso también lo he aprendido.
Lamentablemente. Por qué, vaya a usted a saber. Dicen quesque así es la vida. Yo todavía no lo creo.

Hubo un tiempo, no sabía lo feliz que era entonces, todo estaba bien. Una puta preocupación no se cruzaba por mi mente. Debe haber
sido a los 12 o 13; cuando salía a devastar mis nike en las calles acompañado
de mis amigos de la cuadra y mis primas. En ese tiempo crecí creyendo que
siempre sería el niño mediopopular que se convertiría en futbolista, abogado,
doctor o ejecutivo exitoso, tipo Brad en Hijos
de la Calle ponle (obvio sin la infancia de violencia vete leve). Pero algo se rompió en el camino. Adolescencia creo que
le llaman. Conocí todo lo que vale la pena de verdad en este mundo
inexplicable: el Rock, los amigos, el amor, las drogas, el cine y la
literatura. No es un cliché de bohemio mamón farolito, quítale una-dos y ponle
dos o tres de tu cosecha y todo nuestro mundo al final se reduce a eso. Y está
bien. Y fue con el
maravilloso Rock and Roll cuando mi vida cambió por completo; Lora lo dice
mejor en el Boogie del Three Souls,
pero bueno Lora porque le sabe y porque es un chingón. Ah sí, también soy bien
naco y no me importa un carajo.


¿Pero cuál es el punto? ¿A dónde quiero ir con esto? No sé,
rey. Si no sé qué voy a hacer cuando me levante
mañana cuantimenos lo que
quiero lograr con este texto. Supongo que tiene que ver con mi verdadera
vocación (ahchirriónnoteazotesAngélicaMaría). Decía líneas arriba que uno de
mis grandes hits (yo tengo EP de Greatest Hits no como ustedes chicos exitosos
de diezmilamigos en Facebook con álbum doble de hits), uno de mis hits fue el
descubrimiento de lo que quiero y voy a hacer en lo que me quede de vida que
espero no sea mucha.
Soñé ser futbolista y jugar para el América, soñé ser
bombero, taxista, cantinero, gángster, cantante de boleros, músico de Rock,
abogado, físico, fotógrafo de playboy, proxeneta, boxeador, luchador de la
Triple A de los noventas, locutor de
radio, cineasta, pintor, obrero, actor y basquetbolista. Creo que ya ha llegado el tiempo de
darme cuenta de que nunca seré casi nada de esas bellas y dignas profesiones ("Our
great war is a spiritual war, our great depression is our lives, we've been all
raised by television to believe that one day we'd all be millionaires and movie
gods and rock stars, but we won't and we're slowly learning that fact. and
we're very very pissed off.” ― Chuck Palahniuk, Fight Club.)
Leí La Tumba, algunos cuentos de Ibargüengoitia, al maestro
Revueltas, unos cuantos tomos de Chejov, a Don Hemingway por supuesto y la literatura de adolescente quesque
existencialista que te receta el infaltable maestro pacheco de la secu o la
prepa (Huxley, Hesse, Camus, Fromm y los vendehumo de Nietszche, Freud y
Sartre) y me di cuenta de que lo que yo quiero es escribir. No sé si lo haga
bien, probablemente no, porque como ya notaron mi estilo, si es que lo poseo,
está más refriteado que el dream pop. No os niego, queridos lectores, que José
Agustín es mi ídolo máximo, pero como también dijo David Silva en Esquina
Bajan, no crean que porque me ven así mugroso y de overol no sé ponerme un buen
tacuche para ir a danzonear. También me compongo mis buenos párrafos y hasta
premiados luego salen (hace poco gané en el CNA un premio al segundo mejor
cuento de autores jóvenes del país, no entro en más detalles porque es el azote
puro y me da la nostalgia tan sólo platicárselo a vuestras mercedes).
Pero no presumo, nomás digo. Elegí escribir, porque como todo fracasadazo,
tengo un montón de cosas que quiero decir y contar y nadie a quien
platicárselas. No es de extrañarse que por seis años haya escrito tan poco; ¡no
lo necesitaba! tenía todo y me decanté por la lectura para sepultar la
escritura allá bien abajito de la alfombra de las pretensiones artísticas.

Ahora he vuelto a escribir por montones. Cuadernos y
cuadernos junto a varios archivos de Word ya he vandalizado con mis azotes, mis
lamentos, mis sueños y mis odios. Y también alegrías, cómo no. Tres, pero ha
habido. Escribo, y mientras escribo sueño, para poder volver a escribir y ahora
quiero empezar a mostrarlo en donde se pueda. Lo hago porque lo necesito, porque
neta sí es terapéutico. Porque estoy a
un pasito de speedygonzalez del colapso mental, la sobredosis o el apague
definitivo y no quiero eso. Lo hago también porque es mi terapia favorita,
mucho mejor que un psicólogo y, principalmente, más barato. Uno no piensa lo
caro que llega a resultar la atención médica o psicológica cuando de verdad se necesita
y te das una vuelta para ver si te pueden ayudar. Pueden, claro, pero de a cómo
no. Y pues ya mejor te vas con tu cabecita hecha un lío a golpeártela con unas cubas, que son más baratas (próximamente WinoForever).
Hace unos días fue mi cumpleaños. Y como estamos todos en confianza no
necesito decir, y mucho menos necesitan saber, lo mal que me sentí y la pasé,
pero me levantó recibir muchas palabras de aliento y aguante por muchas
personas que quiero, respeto y admiro. En parte este texto es para ustedes,
porque sé que al final son los únicos que lo van a leer hasta el final. Muchas
gracias a todos los que han estado conmigo in my darkest hour dijera el Megadeth.
In my Seasons in the Abyss. En mi…bueno
ya. Mi temporada en el abismo no tiene para cuando terminar y me llena de
miedo, frustración y tristeza no saber por qué, cuándo, cómo, y demás preguntas
sin respuesta. Todos progresan menos yo. Todos se arreglan menos yo. Todos
tienen una oportunidad menos yo. Pero hay refugios, letras, sonidos, voces,
imágenes que están allá afuera. El Rock salva, la música en general. Quien
conoce de verdad la soledad y la depresión sabe que en las noches interminables
y los despertares inexplicables no hay más amigo que una buena canción. Mi vida
es la música, soy y vivo para eso.
En mi cumpleaños pasé horas escuchando mis
canciones favoritas, Las Inefables de mi vida. Y elegí 25, por mi número de años
en este perro mundo, que me han marcado. Traté de seleccionar las canciones que
más me gustan pero también aquellas que han marcado momentos importantísimos de
mi vida; tiempos imborrables que vinieron con dicha canción. Segundos o minutos
que pasaron en un instante pero que con ayuda de la música nunca en mi vida se
me van a olvidar. Canciones con una letra que dice todo lo que me pasa, lo que
siento, lo que me mata y lo que me levanta. Sé que me faltaron muchísimas, pero a ver si cuando cumpla cien pueden entrar todas.
Se escucha en orden porque traté de seguir cierta cronología desde la uno, cuando era niño, a la 25 hoy en día. Échensela formaditas y a
volumen alto.
Yo soy Beto, no Alberto, no Luis, no padrino, no paps, no papu, no puto, no pendejo, no loquesea. Ya casi nadie me dice así. Pero ese soy yo. Beto.
Siempre lo voy a ser.