miércoles, 11 de enero de 2017

Melvins - Houdini (1993)



Es el año de 1993 en el mundo occidental y en la nación más poderosa del mundo. Bill Clinton ha asumido como presidente y Nirvana protagoniza la que probablemente sea la última historia destacada dentro del libro de los grandes mitos del Rock. Parece ser que los boletos para descansar siguen perdidos y por delante no queda sino una larga y lodosa senda que recorrer; olvídate de las muñecas, los colores fluorescentes y ser el más popular de la universidad. Es un gran y oscuro mundo ahora, un gran infierno. Y en ese infierno están los Melvins. Y estamos todos. Incluso, como el que más, está Kurt Cobain, que toma la producción  del disco y vuelve a los Melvins una banda de culto. 

Buzz Osborne, como los mejores poetas, inventa palabras que encajen con el ritmo de la música. La música, la trinidad perfecta de guitarra-bajo-batería,es lo más importante aquí. Al oscuro y frío fango que los Melvins construyeron en Lysol y Bullhead, el rey del grunge únicamente le adicionó unas gotas de agua para refinarlo y dejarlo listo para agradar a la masa y cosechar los frutos del éxito. Nada dice más del nuevo paso de la banda que la colorida portada del disco: dos inocentes niños con mejillas coloradas jugando con un tierno cachorrito con la lengua de fuera en un prado verde y colorido. Pero ese cachorro no es uno cualquiera, no es uno que se vea cotidianamente, el tuyo o el de tu vecino; no es tampoco algún lindo cachorrito de comercial. Es un perro de dos cabezas más emparentado con Cerbero el guardián del Hades que con el perro basquetbolista. Esta dualidad representa la unión de dos mundos que terminan siendo un mismo cuerpo, el encuentro de lo subterráneo de una banda con un productor en la figura del rey del mundo musical. Lo fangoso y lo depurado. Hooch (una de las mejores canciones de los noventas según Pitchfork), track inicial del álbum nada tiene que ver con Spread Eagle Beagle, tema que cierra un disco dividido en dos: el lado de la guitarra y el lado del bajo y la batería.  Y en medio de estos un cover a KISS. Otra vez nada tiene que ver una cosa con la otra en el mundo racional, pero en el mundo salvaje de la guitarra de Buzz Osborne absolutamente todo es posible y todo tiene un buen final. 

Los Melvins cargaron todo para hacer un disco más pesado de lo que los oídos de allá arriba habían escuchado hasta entonces, ganaron seguidores, críticos y la recompensa histórica de crear géneros nuevos y servir como escuela a una legión de jovencitos que encontraron en el lodo todo lo que el glamour de cantantes pop y bandas de rock venidas a menos jamás les pudieron dar. Houdini es rock de humanos que apalean la batería con huesos y rasgan una guitarra a máximo volumen en medio de una nevada. Houdini es una ilusión para unos cuantos, pero un escape para todos los que se atrevan a escucharlo.


Una canción sobre un agujero abarrotado: Elvis todavía vive, Parménides también



Esta entrada marca mi regreso a las grandes-chicas ligas de la bloguería y el despilfarre de letras en internet. Es un textito para recordar a Elvis y todos esos pioneros de la cultura que tanto me gusta y supongo que a uno que otro por allá afuera también. Además, qué mejor que recordar a Elvis a través de la literatura de un paisano, en especial de uno tan chingón como el gran Parménides García Saldaña. Igual no lo lean si no quieren, vean las fotos y refínense la rola; mi verborrea no importa, reciclé un trabajo escolar. Al final, si la aguantan, les paso el pe-de-efe del cuento, para que se lo refinen. Cámaras.




Hay un hombre en Nueva Orleans que toca Rock and Roll. Hay un hombre en Nueva Orleans al que nadie puede vencer y que las puede todas. Su nombre es Elvis Presley. A ese hombre es al que van a ver el narrador y sus amigos al cine.
El Rey Criollo de Parménides García Saldaña, más que un cuento es una crónica en ojos del propio autor de lo que presumiblemente pudiera ser el estreno en México de una película de Elvis Presley. Parménides, en el texto, sirve como narrador-testigo de los hechos ocurridos, y desde un punto de vista subjetivo mezcla en el relato todos los actos rituales de la incipiente juventud clasemediera del México de mitad del siglo XX, la cual construye su identidad a partir de los modelos que pone a su alcance la industria cultural norteamericana a través de los medios de comunicación masiva


Ya el epígrafe de la narración es bastante claro acerca de lo que expresará Parménides a lo largo de su crónica: Yo no soy un rebelde sin causa, ni tampoco un desenfrenado, lo único quequiero es bailar el rock, canción símbolo de la juventud y contracultura mexicana que, en base a la adopción de los modelos contraculturales norteamericanos hicieron de dicho tema un tópico de toda una década.  El autor, a través de una narración en primera persona, busca contar su aventura en una de las funciones de la película de Elvis Presley: The King Creole (El rey criollo para los cuates). El choro que tira Parménides se nutre de aspectos fundamentales del contexto en que él se encuentra inserto, pues hay que recordar que Parménides tiene quince o dieciséis años aproximadamente, al momento del estreno de la película. García Saldaña  relata, en pasado, peleas de pandillas, la experiencia de poder ver a Elvis Presley aunque sea en una pantalla de cine y, sobretodo, la odisea que implica ser adolescente en la ciudad de México de finales de los cincuenta y asistir a la proyección de una película de rock en compañía de centenas de adolescentes ávidos de música, pertenencia y sexo.

La historia retrata de forma algo desordenada la forma en cómo un adolescente contaría una anécdota como esta, así el narrador tiene como objetivo narrar cómo fue su experiencia en el estreno de El rey criollo, pero a medida que intenta hacerlo en su cabeza se cruzan otros relatos relacionados que lo desvían de su objetivo primario: “Pero ya antes, cuando en el cine Roble estrenaron Prisionero del Rocanrol, fue también un desmadre de poca, me cae, y también me divertí un chorro”. Así, el narrador nos lleva en su calidad de testigo más que de protagonista principal de las acciones, a través de la lucha de pandillas de distintas zonas de la ciudad de México: “y no es por adornarme ni nada de eso, la calidad de la melcocha se impuso, los de la Narvarte —bueno, yo no participé pero soy de la Narvarte— les dieron en toda su puta madre a los putos Gatunos”. Parménides cuenta que por ahí andan Los Gatunos, a los que los de la Narvarte (odiados sin razón, dice), ya les han ganado varios pleitos. También se menciona a pandillas de la Guerrero y la Roma. Todas, a excepción de la pandilla de la Guerrero, pertenecen a zonas donde floreció la clase media mexicana y, por tanto, a los de la Guerrero, al pertenecer a una colonia popular, se les tilda de nacos; notándose de esta manera, cómo ciertos valores como el clasismo o el racismo de la sociedad mexicana de la post-revolución permean todavía en la juventud de mitad de siglo y continuarán presentes en adelante. Atrévete a negarlo.

El relato, además, comienza a dejar en claro la búsqueda de identidad y pertenencia del joven siguiendo el modelo presentado en la película de Presley, que remite, sin duda, a otra película arquetipo del joven: Rebel Without a Cause (1955). En este sentido, no se puede dejar pasar la oportunidad de mencionar la clara importación de este modelo cinematográfico del adolescente rebelde norteamericano hacia la cinematografía mexicana con películas como Jóvenes Rebeldes (1961) o La Edad de la violencia (1964), ejemplos, aunque moralistas, de la superación del charro dentro del cine mexicano como modelo de identidad, dando paso así, al joven rebelde.
En el relato se le da bastante peso, también, a las habilidades que demuestre el joven a la hora enfrentarse a otro en su misma situación pero perteneciente a un grupo contrario: “la Marrana se adelantó, le puso un seco a uno que quedó sentado y con el hocico floreado, el güey ese cayó al suelo bien bonito, chulo, divino, encantador”. El narrador exalta los valores viriles para un grupo dentro de la lucha entre pandillas como medio de reconocimiento y estatus. Quien pelea bien es admirado por el narrador, mientras que quien no queda como: “un pendejo que gritaba como vieja”. El autor, entonces, delimita las características que debe tener un hombre para la época y el contexto, exhibiendo el pensamiento machista dentro del grupo social que lo rodea. Lo que está bien, lo que es chingón. Ya Elvis lo hace en el cine. Elvis canta mejor que todos, toca la guitarra, baila como nadie, seduce con su sola presencia; no acata ninguna autoridad, pelea y le gana a quien se le ponga. Elvis es un chingón. Todos quieren ser Elvis.

En El rey criollo no hay personajes que se destaquen en la acción. Más allá de la enumeración de los amigos e integrantes de las pandillas como La marrana, El quieto, El greña brava, El mechas de indio,  El güero Lozano, El Botas, El sapo, El gordo Romero, que dicho sea de paso es hermano de El Gorilón, El chato y algunos otros más, el protagonista del relato es el grupo de jóvenes que asisten al cine. Sin embargo, es posible destacar que el narrador menciona a familiares y seres más cercanos a él: su padre tradicionalista y su hermano estudiante de leyes, secretario de la sociedad de alumnos y miembro del coro de la iglesia y la escuela. La brecha generacional se hace presente en este tramo de la crónica; para su padre y hermano Elvis es un degenerado maricón y su música es música de locos. Para ellos su modelo de identidad recae en Carlos Gardel, Pedro Infante y Jorge Negrete. Aunque el joven cree estarse rebelando ante los valores de sus padres y hermanos eligiendo a Elvis en lugar de Jorge Negrete, en su acto no hace sino reproducir el modelo prejuicioso de las generaciones pasadas basado en el machismo y la identidad nacionalista. Lo que hace el joven únicamente es adaptar ese modelo a su visión cosmopolita construida por los medios de comunicación masiva que, gracias a su nivel socioeconómico le dan la oportunidad de conocer modelos extranjeros, y en este caso, el del rebelde sin causa norteamericano.
En otro rasgo importante que se desprende de la narración, vemos cómo el narrador-protagonista tiene una novia que ama a Elvis pero que se niega a llevarla con él a la función gracias a la suma de los prejuicios machistas y clasistas antes mencionados: “es que yo sé qué clase de viejas van a ver las películas del Rey Presley, puras de la danza moderna y guerreras”.  Nos encontramos, así, ante una de las características más palpables dentro del relato: la figura de la mujer a los ojos de los personajes masculinos en el texto. Para éstos la mujer que va a ver la película de Elvis es una puta, y la que osa adentrarse en el cine es tratada como tal. Al respecto podemos ver cómo el autor no matiza ninguna de sus expresiones ni la descripción de las vejaciones a las que son expuestas las mujeres en el relato, otorgándole al texto el carácter de reproducción realista y usando el espacio del cine como alegoría de lo que ocurre en el mundo real, convirtiéndose el autor en un mediador entre la estructura englobante y la estructura significativa. Otro aspecto que cabe mencionar para la contribución del carácter realista del texto es la utilización de un lenguaje por demás coloquial y popular, aspecto ya ampliamente conocido en la narrativa de Parménides García Saldaña pero que siempre es preciso resaltar, pues este le otorga el matiz indicado a sus textos y consigue reproducir, como en éste en particular, la insolencia juvenil.


La narración de El rey criollo es particularmente interesante, pues respondiendo al modelo de crónica adolescente y como producto de las influencias narrativas y temáticas que el autor bebió de la literatura norteamericana (Joyce, Faulkner, Proust, así como la posterior generación beat, en especial Kerouac), entrega un texto donde la estructuración llega a carecer de signos ortográficos y pausas; además de no contar con separación entre párrafos lo cual produce en el lector la sensación de la vorágine juvenil del relato excitado; es este quizá el aspecto técnico más importante del autor: su habilidad para recrear la atmósfera y hacernos partícipes a los lectores de los hechos ocurridos dentro del cine. Así mismo, Parménides García Saldaña organiza su crónica en base a lo que él mismo vive en el momento en que realiza el texto, por lo tanto el narrador-personaje dentro de la obra se trata de él mismo, un adolescente de clase media de la colonia Narvarte, con un nivel cultural, en apariencia, mayor al resto de sus amigos, capaz de identificar tipos de construcciones y lugares dentro de la película que asiste a ver: “Elvis recargado en un barandal de la terraza de una casa vieja colonial de New Orleans cantaba Crawfish” “Elvis cantaba ‘Trouble’ en el cabaret de los años veinte, el Golden Goose, padre, digo, chingón, chingonsísimo”. Narrador que, además, es claro que cuenta con la capacidad para usar distintas formas de exrepsarse dependiendo de su entorno, inclinándose a utilizar uno que le permita identificarse con los demás y no ser rechazado o excluido.

Parménides, en síntesis, organiza su visión del mundo a partir de su experiencia como adolescente, el conocimiento y dominio de su entorno de joven de clase media perteneciente o cercano a un grupo social determinado (en este caso la pandilla de sus amigos de la colonia Narvarte) y la construcción de sí mismo (como ente real) con base a los medios de comunicación masiva y la cultura pop (cine, radio y televisión) dando como resultado un texto que, a manera de crónica anecdótica, establece la brecha generacional que ya se gestaba a finales de los años cincuenta en la sociedad mexicana, brecha generacional que, sin embargo, consciente o inconscientemente, refleja aún los viejos valores machistas y clasistas que las generaciones anteriores a la suya construyeron en base a modelos nacionalistas obtenidos, también en cierta medida por el cine. Los jóvenes, en el relato, pretenden romper con dichos valores y construyen su identidad a partir de modelos extranjeros, en donde no sólo Elvis Presley sino toda la cultura de masas norteamericana es la figura central para el nuevo tipo de criollo que se comienza a gestar en México. Aquel producto de los medios de comunicación y la cultura de masas, aquel que buscando una identidad busca apartarse de los viejos valores tradicionalistas de sus padres y abuelos y busca refugio en la industria cultural estadounidense, importa el rock, el cine y la literatura, lo adapta a su realidad y necesidades y con ello construye una contracultura que tendrá su explosión en los años posteriores. Sin embargo, el joven, recién reconocido como un integrante dentro de la sociedad de su tiempo y como un consumidor en potencia por la industria, no logra despojase de viejos aspectos tradicionales de generaciones anteriores a la suya. Es así como vemos en el texto un nuevo tipo de criollo que se comienza a gestar, un criollo que, medianamente, somos todos nosotros. Un criollo que toca rocanrol, que toma coca cola y que cree poderlas todas.







El Rey Criollo (pdf) de Parménides García Saldaña