Esta entrada marca mi regreso a las grandes-chicas ligas de la bloguería y el despilfarre de letras en internet. Es un textito para recordar a Elvis y todos esos pioneros de la cultura que tanto me gusta y supongo que a uno que otro por allá afuera también. Además, qué mejor que recordar a Elvis a través de la literatura de un paisano, en especial de uno tan chingón como el gran Parménides García Saldaña. Igual no lo lean si no quieren, vean las fotos y refínense la rola; mi verborrea no importa, reciclé un trabajo escolar. Al final, si la aguantan, les paso el pe-de-efe del cuento, para que se lo refinen. Cámaras.
Hay un hombre en Nueva Orleans que toca Rock and Roll.
Hay un hombre en Nueva Orleans al que nadie puede vencer y que las puede todas.
Su nombre es Elvis Presley. A ese hombre es al que van a ver el narrador y sus
amigos al cine.
El Rey
Criollo de Parménides García Saldaña, más que un cuento es
una crónica en ojos del propio autor de lo que presumiblemente pudiera ser el
estreno en México de una película de Elvis Presley. Parménides, en el texto,
sirve como narrador-testigo de los hechos ocurridos, y desde un punto de vista subjetivo
mezcla en el relato todos los actos rituales de la incipiente juventud
clasemediera del México de mitad del siglo XX, la cual construye su identidad a
partir de los modelos que pone a su alcance la industria cultural
norteamericana a través de los medios de comunicación masiva.

Ya el epígrafe de la narración es bastante claro acerca
de lo que expresará Parménides a lo largo de su crónica: Yo no soy un rebelde sin causa, ni tampoco un desenfrenado, lo único quequiero es bailar el rock, canción símbolo de la juventud y contracultura
mexicana que, en base a la adopción de los modelos contraculturales
norteamericanos hicieron de dicho tema un tópico de toda una década. El autor, a través de una narración en primera
persona, busca contar su aventura en una de las funciones de la película de
Elvis Presley: The King Creole (El
rey criollo para los cuates). El choro que tira Parménides se nutre de
aspectos fundamentales del contexto en que él se encuentra inserto, pues
hay que recordar que Parménides tiene quince o dieciséis años aproximadamente,
al momento del estreno de la película. García Saldaña relata, en pasado, peleas de pandillas, la experiencia de
poder ver a Elvis Presley aunque sea en una pantalla de cine y, sobretodo, la
odisea que implica ser adolescente en la ciudad de México de finales de los
cincuenta y asistir a la proyección de una película de rock en compañía de
centenas de adolescentes ávidos de música, pertenencia y sexo.
La historia retrata de forma algo desordenada la forma en
cómo un adolescente contaría una anécdota como esta, así el narrador tiene como objetivo narrar cómo fue su experiencia en el estreno de El
rey criollo, pero a medida que intenta hacerlo en su cabeza se cruzan otros
relatos relacionados que lo desvían de su objetivo primario: “Pero ya antes, cuando en el cine Roble
estrenaron Prisionero del Rocanrol, fue también un desmadre de poca, me cae, y
también me divertí un chorro”. Así, el narrador nos lleva en su calidad de
testigo más que de protagonista principal de las acciones, a través de la lucha
de pandillas de distintas zonas de la ciudad de México: “y no es por adornarme ni nada de eso, la calidad de la melcocha se
impuso, los de la Narvarte —bueno, yo no participé pero soy de la Narvarte— les
dieron en toda su puta madre a los putos Gatunos”. Parménides cuenta que por ahí andan
Los Gatunos, a los que los de la
Narvarte (odiados sin razón, dice), ya les han ganado varios pleitos. También
se menciona a pandillas de la Guerrero y la Roma. Todas, a excepción de la
pandilla de la Guerrero, pertenecen a zonas donde floreció la clase media
mexicana y, por tanto, a los de la Guerrero, al pertenecer a una colonia
popular, se les tilda de nacos; notándose de esta manera, cómo ciertos valores
como el clasismo o el racismo de la sociedad mexicana de la post-revolución
permean todavía en la juventud de mitad de siglo y continuarán presentes en adelante. Atrévete a negarlo.

El relato, además, comienza a dejar en claro la búsqueda
de identidad y pertenencia del joven siguiendo el modelo presentado en la
película de Presley, que remite, sin duda, a otra película arquetipo del joven:
Rebel Without a Cause (1955). En este
sentido, no se puede dejar pasar la oportunidad de mencionar la clara importación
de este modelo cinematográfico del adolescente rebelde norteamericano hacia la
cinematografía mexicana con películas como Jóvenes
Rebeldes (1961) o La Edad de la
violencia (1964), ejemplos, aunque moralistas, de la superación del charro
dentro del cine mexicano como modelo de identidad, dando paso así, al joven
rebelde.
En el relato se le da bastante peso, también, a las
habilidades que demuestre el joven a la hora enfrentarse a otro en su misma
situación pero perteneciente a un grupo contrario: “la Marrana se adelantó, le puso un seco a uno que quedó sentado y con
el hocico floreado, el güey ese cayó al suelo bien bonito, chulo, divino,
encantador”. El narrador exalta los valores viriles para un grupo dentro de
la lucha entre pandillas como medio de reconocimiento y estatus. Quien pelea
bien es admirado por el narrador, mientras que quien no queda como: “un pendejo que gritaba como vieja”. El
autor, entonces, delimita las características que debe tener un hombre para la
época y el contexto, exhibiendo el pensamiento machista dentro del grupo social
que lo rodea. Lo que está bien, lo que es chingón.
Ya Elvis lo hace en el cine. Elvis canta mejor que todos, toca la guitarra,
baila como nadie, seduce con su sola presencia; no acata ninguna autoridad, pelea
y le gana a quien se le ponga. Elvis es
un chingón. Todos quieren ser Elvis.
En El rey criollo
no hay personajes que se destaquen en la acción. Más allá de la enumeración de
los amigos e integrantes de las pandillas como La marrana, El quieto, El
greña brava, El mechas de indio, El güero
Lozano, El Botas, El sapo, El gordo Romero, que dicho sea de paso es hermano de El Gorilón, El chato y algunos otros más, el protagonista del relato es el
grupo de jóvenes que asisten al cine. Sin embargo, es posible destacar que el
narrador menciona a familiares y seres más cercanos a él: su padre
tradicionalista y su hermano estudiante de leyes, secretario de la sociedad de
alumnos y miembro del coro de la iglesia y la escuela. La brecha generacional
se hace presente en este tramo de la crónica; para su padre y hermano Elvis es un degenerado maricón y su música es música de locos. Para ellos su modelo de
identidad recae en Carlos Gardel, Pedro Infante y Jorge Negrete. Aunque el
joven cree estarse rebelando ante los valores de sus padres y hermanos
eligiendo a Elvis en lugar de Jorge Negrete, en su acto no hace sino reproducir
el modelo prejuicioso de las generaciones pasadas basado en el machismo y la
identidad nacionalista. Lo que hace el joven únicamente es adaptar ese modelo a
su visión cosmopolita construida por los medios de comunicación masiva que,
gracias a su nivel socioeconómico le dan la oportunidad de conocer modelos
extranjeros, y en este caso, el del rebelde sin causa norteamericano.
En otro rasgo importante que se desprende de la
narración, vemos cómo el narrador-protagonista tiene una novia que ama a Elvis pero que se niega a llevarla
con él a la función gracias a la suma de los prejuicios machistas y clasistas
antes mencionados: “es que yo sé qué
clase de viejas van a ver las películas del Rey Presley, puras de la danza
moderna y guerreras”. Nos encontramos, así, ante una de las características más
palpables dentro del relato: la figura de la mujer a los ojos de los personajes
masculinos en el texto. Para éstos la mujer que va a ver la película de Elvis es una puta, y la que osa adentrarse en
el cine es tratada como tal. Al respecto podemos ver cómo el autor no matiza ninguna
de sus expresiones ni la descripción de las vejaciones a las que son expuestas
las mujeres en el relato, otorgándole al texto el carácter de reproducción
realista y usando el espacio del cine como alegoría de lo que ocurre en el
mundo real, convirtiéndose el autor en un mediador entre la estructura
englobante y la estructura significativa. Otro aspecto que cabe mencionar para
la contribución del carácter realista del texto es la utilización de un
lenguaje por demás coloquial y popular, aspecto ya ampliamente conocido en la
narrativa de Parménides García Saldaña pero que siempre es preciso resaltar,
pues este le otorga el matiz indicado a sus textos y consigue reproducir, como
en éste en particular, la insolencia juvenil.

La narración de El
rey criollo es particularmente interesante, pues respondiendo al modelo de
crónica adolescente y como producto de las influencias narrativas y temáticas
que el autor bebió de la literatura norteamericana (Joyce, Faulkner, Proust,
así como la posterior generación beat, en especial Kerouac), entrega un texto
donde la estructuración llega a carecer de signos ortográficos y pausas; además
de no contar con separación entre párrafos lo cual produce en el lector la
sensación de la vorágine juvenil del relato excitado; es este quizá el aspecto
técnico más importante del autor: su habilidad para recrear la atmósfera y
hacernos partícipes a los lectores de los hechos ocurridos dentro del cine. Así
mismo, Parménides García Saldaña organiza su crónica en base a lo que él mismo
vive en el momento en que realiza el texto, por lo tanto el narrador-personaje
dentro de la obra se trata de él mismo, un adolescente de clase media de la
colonia Narvarte, con un nivel cultural, en apariencia, mayor al resto de sus
amigos, capaz de identificar tipos de construcciones y lugares dentro de la
película que asiste a ver: “Elvis
recargado en un barandal de la terraza de una casa vieja colonial de New
Orleans cantaba Crawfish” “Elvis
cantaba ‘Trouble’ en el cabaret de los años veinte, el Golden Goose, padre,
digo, chingón, chingonsísimo”. Narrador que, además, es claro que cuenta
con la capacidad para usar distintas formas de exrepsarse dependiendo de su entorno, inclinándose a utilizar
uno que le permita identificarse con los demás y no ser rechazado o excluido.
Parménides, en síntesis, organiza su visión del mundo a
partir de su experiencia como adolescente, el conocimiento y dominio de su
entorno de joven de clase media perteneciente o cercano a un grupo social
determinado (en este caso la pandilla de sus amigos de la colonia Narvarte) y
la construcción de sí mismo (como ente real) con base a los medios de
comunicación masiva y la cultura pop (cine, radio y televisión) dando como
resultado un texto que, a manera de crónica anecdótica, establece la brecha
generacional que ya se gestaba a finales de los años cincuenta en la sociedad
mexicana, brecha generacional que, sin embargo, consciente o inconscientemente,
refleja aún los viejos valores machistas y clasistas que las generaciones
anteriores a la suya construyeron en base a modelos nacionalistas obtenidos,
también en cierta medida por el cine. Los jóvenes, en el relato, pretenden
romper con dichos valores y construyen su identidad a partir de modelos
extranjeros, en donde no sólo Elvis Presley sino toda la cultura de masas
norteamericana es la figura central para el nuevo tipo de criollo que se
comienza a gestar en México. Aquel producto de los medios de comunicación y la
cultura de masas, aquel que buscando una identidad busca apartarse de los
viejos valores tradicionalistas de sus padres y abuelos y busca refugio en la
industria cultural estadounidense, importa el rock, el cine y la literatura, lo
adapta a su realidad y necesidades y con ello construye una contracultura que
tendrá su explosión en los años posteriores. Sin embargo, el joven, recién
reconocido como un integrante dentro de la sociedad de su tiempo y como un
consumidor en potencia por la industria, no logra despojase de viejos aspectos
tradicionales de generaciones anteriores a la suya. Es así como vemos en el
texto un nuevo tipo de criollo que se comienza a gestar, un criollo que,
medianamente, somos todos nosotros. Un criollo que toca rocanrol, que toma coca
cola y que cree poderlas todas.
